VALOR PÚBLICO
DESHOJANDO LA MARGARITA
POR: DAVID PÉREZ CALLEJA
Un romántico amigo que
estudia el significado de las cosas naturales recomienda que, para tener mejor
suerte, los enamorados deberían deshojar margaritas únicamente durante el
verano; en especial sugiere deshojar sólo flores de color azul cuyo significado
corresponde a la felicidad. Me advierte que, con la esperanza de ser el más afortunado
en la suerte, el enamorado debería comenzar por deshojar lentamente la flor,
dejando caer al piso, uno a uno, los pétalos al ritmo de la romántica melodía
del “me quiere, no me quiere”. En aquel juego del amor, la suerte del galán podría
estar de su lado o no, me explico. Resulta que, sin saberlo ni pensarlo, en el
preciso momento de seleccionar la flor, el pretendiente bien podría haber
alcanzado o no su sueño de felicidad, pero aún no lo sabría. Los que bien conocen
de esta apasionada materia de los amantes, afirman que, a vuelo de pájaro y
antes de deshojarla, resulta imposible contabilizar los pétalos que conforman
las flores disponibles de una Margarita. Así las cosas, cuando un apasionado
individuo, confiado en su fortuna, toma sin saberlo entre sus manos una flor
con pétalos nones, definitivamente verá correspondida su pasión. Por lo
contrario, si el destino del acaramelado personaje puso en sus manos una flor
con pétalos pares, la fatalidad y el desánimo lo seguirán para siempre. Hace unos
pocos días, nos enteramos con desaliento que la señora Margarita Zavala canceló
su candidatura presidencial con el galante respaldo del ex Presidente de la
República, Felipe Calderón, su esposo. Ante tal decisión, la ex primera dama de
la República, dejó en la orfandad política miles de votos leales para su causa.
Aquella noticia que cayó del cielo, sería como la tempestad típica de un verano
de tormentas y lluvias copiosas, para dos personajes en competencia. Poco antes
de que se derritiera la granizada que tapizaba de blanco las calles de la gran
ciudad bajo el cálido clima veraniego, una de las más exclusivas florerías de
la colonia del Valle, despacharía sendos pedidos de una selección de margaritas
con pétalos pares solicitados por la casa de campaña del señor Alberto Anaya, el
chico enamorado del PAN que poco antes había despreciado el amor de la
Margarita. Apurado por las circunstancias que publicaban los sondeos de opinión
y aún sin salir de la sorpresa de aquella declinación, en las cercanías de la estación
de trenes de Buenavista, justo sobre los andenes donde los enamorados hacen de
las suyas, una gentil vendedora de flores decidía convidar un poco de su suerte
al apuesto, potente, gallardo y garboso ciudadano José Antonio Meade,
apasionado y romántico caballero de la política quien tendría que jugarse su
felicidad deshojando una margarita azul, melosamente formada con 81 pétalos
tersos.
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